Mancora

El mar a lo largo de la carretera,
¡Las posadas esperan a mi memoria!,
Agitan mi mente ¡rostros!,
de los abuelos y mi padre
ahora dormidos eternamente.
Tomados van de las manos
Y de las miradas,
Los años transitan
Corren al borde de la pista,
Embriagándonos
Con rayos que danzan
Ahora sin ninguna prisa.
Noches mágicas, seductoras
Humedeciéndonos calida neblina
Celestial trasluce tentadora
Éxtasis de brisa marina.
Aquí
Terminan esperas
Reencontramos delicias
Renacen añoranzas perdidas.
Ángeles en sus calles caminan
Piropos sinceros
versos inspiran
voltean, miran
y coquetean con gracia felina
Vivir incontenible,
Libre cual ave arrastras el cielo a tu orilla
Paraíso de amor, glamour y fantasía
Besos salobres endulzan las venas,
Irrigando el corazón púrpura
Con latidos que en su intensidad lleva
Olas de altitud que a los astros nos eleva
En ellas mil vacaciones arden
Hierven los vientres de ansiedad.
Con latidos musicales en la tez,
Con la espera anhelante del ayer,
Con escritos de manera ilegible,
Con nombres lindos,
¡los de toda mujer!.
En pared de aquel motel
o de aquel restaurant,
descíframe,
señálame,
las cosas más queridas
que en cada rincón de ti están.
Cuna de mis raíces
Castas de acero
Zarparon de la orilla a la profundidad
Gestando con entereza y viril fuerza
Su prosperidad.
Encalan las naves,
entre fogatas y guitarras
en mano de siluetas baila, juventud
celebrando pesca y vida a plenitud.
Vivir mil conquistas sin batallas
o la descarnada despedida de un amante,
lloran luciérnagas, el mar los sollozos ahogan.
Blanca arena corre por el reloj
Solo aquí los momentos se detienen
Ardiendo en piel mojada
Hasta ocultarse el sol.
Si ensombrecida estas
Renace su clara luna
Para navegar sin farol
en movimiento de oleaje
extraviados y a la deriva.
Mancora
En mi ausencia reencárname
en el fantasma de tu puerto
y vigia de tu amanecer.
Forja de este lugar
Amorosos pescadores Mancoreños
Generaciones de antaño de valores puros
Que amaron sobre todo su pueblo.
Para sorpréndete gozo del mundo entero.
En cada sombra distingue mi oración,
por terrenal riqueza donde se olvida penas y dolor.
¡De seguro, aquí vive Dios!.
Autor H. Hidalgo J.
