POEMA I
Entrecruzados,
Por caminos, desvíos,
Vamos dejando la vida,
esperándonos algún final feliz
o un trágico y descomunal morir.
Se incrustan espinas,
Abrojos, cardos en rojo
que señalizan algún reposo.
Con tu fascinación
embrujas mi vida, mi amor, mi muerte.
Dedicándome en cada nota tu canción.
Aunque nunca comprenderé
Porque estoy sin ti.
POEMA II
Yo sigo, necio ofreciéndo amor
Cuando me reclaman odios inmundos
las tinieblas, la noche, el camino equivocado
El sangrante pasadizo del esposado
sufriente vomito de fuego callado
a insultos que lanzan sus miedos.
Para erguirme entre perdidos
y perdedores que arrasan
la alegría ausente de sus días.
Mas yo aprendiz de escritor, alguna vez
maldecido por embebidos atorrantes
o malabarista de cuerda floja
que van apuntándose su propia derrota.
Continúo aquí, sin purificaciones mágicas
de magia blanca o negra de las huaringas
que todo lo vencen y dominan.
Pero si invoco tu majestad
Que en noches cubren
todos mis vacíos, aun vivo DIVINA.

POEMA III
Alimentas  visión.
Aunque sangre mi mirada
con dos lagrimas que hoy
arrebataron fuerza
a la velocidad de un sueño sutil
y adorada entrega.
He penetrado tu espacio,
sin hora ni tiempo,
la mañana tomaba mi mano acariciándola
con simultanea  caricia a blancura de tu piel
delicada como todo tu ser
dirigiendo los contornos
de rasgos y combinaciones
que solo una mujer puede tener
.
POEMA IV
Hay quienes sienten
la existencia torturada
que se gesta en amores,
en imposibles, dolores tristes,
captación indebida de la propia vida
que tarde les despierta la razón
de la imaginación desbocada.
POEMA V
Hoy tu imagen
Penetró cual espejo a mi memoria
bien pudo ser halo de luz, un sueño,
pero fuiste real.
Aliviando abismos, salvándome de ellos
o de repente precipitándome al fin?.
Aun no lo sabemos.
Mas enfurecido que cielo en tormenta
grito que nos detiene.
Lo tuyo y mío tiene fortaleza de Dioses
bella posesión, estoy más allá de la idea misma
esa que arrastra  sentidos a su terrenal destino.
Bien, tú sabes que espero aquel día para unirnos
en tal hora que coincida en dos o tres mil años,
o en la era del infinito.
Eso no importa, el encuentro del amor no es material
es superior; es entrega de angustias, lagrimas
es lo perceptible en que convertimos todo cuanto queremos,
y cuando de verdadero amor padecemos.
Autor:H. J. Hidalgo J.
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